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miércoles, 28 de julio de 2010

MAO, EL COMPAÑERO



“SI YO FUERA ARGENTINO, SERIA PERONISTA”


Así le expresó Mao a un grupo de jóvenes argentino que en épocas de los aires revolucionarios, lo visitaron en China; y gritaron a viva Voz, “somos Maoistas”, quedaron perplejos, no supieron que decir, ni responder, y ni siquiera sabían que Mao podía conocer del Movimiento Peronista en Argentina, se ve que ya los Chinos, habían cruzado la muralla y salido del aislamiento(....)
 que todos creíamos que era una parte de su idiosincrasia, no era tan así, menos de Mao, que era un estudioso de las doctrinas sociales en el mundo entero y por sobre todo, un visionario con apertura política, aunque algunos no lo crean, o lo nieguen, como el PCR argentino, que es una burla y una falta de respeto a la memoria de su supuesto líder,
y no salen de la conspiración barata y sin efecto alguno.

Mao tal ves haya sido el primero en identificarse peronista en caso de ser argentino, esta el caso del compañero Chavez, que se define “Peronista”, y no solamente por congraciarse y ponerse un rotulo porque sí, sino que avanzo en esa afirmación, con sus políticas de defensa irrestricta de los recursos estratégicos, con soberanía política, independencia económica y avanzando hacía la justicia social plena; además de todo eso, “banderas netamente peronistas”.

 además esa pequeña Constitución que muestra siempre en sus manos, es la copia fiel de nuestra constitución nacional de 1949, donde se consagraron los máximos derechos de los trabajadores para sellar el tinte ideológico de nuestro movimiento, Chavez, con buen tino, la tomó, la adapto, y la usa, y muy bien que ha hecho, las ideas son para usarlas, si sirven para los pueblos y su autodeterminación.

De Mao, hablábamos, Perón, en sus largos relatos de enseñanza, inclusive los dos videos grabados en Puertas de Hierro, que todavía circulan por ahí, decía claramente, “para combatir al imperio del norte, opresor de nuestros pueblos, no debemos mirar el imperio Ruso, si debemos mirar a Oriente, a Mao”, premonitorio y definitorio, Mao logró desarrollar todos los procesos revolucionarios, Rusia se convirtió en otro imperio, para combatir un imperio, la vieja URSS oprimía pueblos para su conformación, arrasando con la idiosincrasia de los pueblos mas débiles, para conformar un monstruo, que termino siendo, igual al enemigo, pero obsoleto y anacrónico, todavía los efectos de esa barbaridad de trasnochados, se paga con sangre, no me deja mentir la guerra actual en Chechenia, y en muchos países de ese sector del globo terráqueo, a los cuales les han cercenado sus religiones, sus ideas propias, sus soberanías, sus banderas, y hoy van estallando de a uno, como si reventaran los reactores atómicos abandonados, que dicho sea de paso, los rusos no ponían en su territorio sino que sembraban en los territorios de los mas débiles, demostrativo que usaban a esos pueblos, en definitiva estallo, y hoy a Rusia lo devora un esquema capitalista, ungido en corrupción pura y mafias de alto calibre, todos los males que aprendió del otro imperio, ¿fueron enemigos? O ¿fueron socios en disputa?

Mao los contemplaba, y llevaba adelante su revolución, a su manera, con su pueblo y sus problemáticas, hasta que ese espíritu revolucionario, paso a ser la bandera ideológica y política de China, en su construcción nacional y popular.

El peronismo, es un modelo nacional y popular, otra coincidencia clara, porque a la política de otrora liberal capitalista y de ahora, neoliberal entreguista, que globaliza, y hace aparentar que nivela a todos los pueblos, pero los nivela en el saqueo de los mas débiles, y en la repartija de la riqueza, no hay nivelación que valga; por eso, a esa seudo igualación que termina rompiendo las fronteras y dejando paso al campo orégano del imperialista, se la combate con Movimientos Nacionales y Populares; quiere decir: pueblos, sociedades y masas en confluencia, de corte nacional con objetivos propios, desde las experiencias, situación que no hace ni hizo “La internacional”, que hoy pretende combatir “La globalización derechista”, con la globalización de las ideas”, porque globalizar la idea, significa ni mas ni menos que arrancarle a los pueblos su característica, quebrando su autodeterminación. Las ideas revolucionarias, que persiguen la justicia social, deben permanecer con su naturaleza, y los pueblos deben aunar los objetivos, no ha si, las metodologías, los tiempos, lo primario y lo secundario, una ves que se coincide en objetivos, a partir de ahí, comienza la hermandad, porque no es posible que un argentino, se adapte a un revolución, tipo la de Mao en la China, caminando descalzos en los arrozales, viviendo con ropas artesanales, como así tampoco un chino de esas características sociales, se adaptara a una guerrilla urbana como en argentina, luchando en el corazón de la bestia, escondida entre las sombras, con tácticas de subsistencia a partir de la mimetización, pero ambos bandos revolucionarios, el chino y el argentino, perseguían el mismo objetivo, “La Liberación”.

Es por eso, que Perón decía, “hay que mirar a oriente”, y Mao se declaraba, “Si fuera argentino, sería Peronista”, ambos perseguían los mismos objetivos, y se reconocían entre si, como pares, y la historia así los ofrece.

Para redondear el análisis, les dejo El Coronel del Pueblo, por Armando Silleta, que de alguna manera, afirma mi pensamiento.-



“El Lobo”










                  




                   El Coronel del Pueblo



Por Alfredo Silleta (*)

Hace 36 años las lágrimas del pueblo argentino se confundían con la lluvia de esos días. Un agobiante y extraño calor se hacia sentir en las calles de Buenos Aires. Había muerto Juan Domingo Perón: el más amado y el más odiado de su tiempo.

Nació en Lobos, provincia de Buenos Aires en 1895. Estudio en el Colegio Militar y a los 50 años de edad irrumpió en la historia grande del país para no irse nunca más. Sufrió la cárcel en 1945 para ser liberado en la gesta del 17 de Octubre. Meses después fue elegido por el voto popular como presidente de la Nación. Desde 1946 hasta 1955 la Argentina vivió un crecimiento sin igual y tuvo un desarrollo económico y social que se trasladó a todas las clases sociales, especialmente a los más humildes. Perón transformó en esa década la vida política, social, cultural y económica de la Argentina. Un ejemplo claro del cambio lo observamos cuando en 1952 el 58 por ciento de los ingresos del país correspondían a los trabajadores y eran años de pleno empleo.

El gobierno de Perón fue nacional y popular por lo cual produjo el odio de la oligarquía y de las clases altas de la sociedad. Los sectores reaccionarios se organizaron una y otra vez para derrocarlo. No les tembló el pulso: realizaron sabotajes, colocaron bombas en manifestaciones populares y hasta bombardearon plaza de Mayo con un saldo de 800 muertos. En setiembre de 1955 un golpe cívico-militar logro derrocarlo. Su exilio duró 18 años.

El odio fue de tal magnitud que por un decreto - el 4.161- se prohibió su nombre, la marchita, la mención de cualquier otro símbolo y se proscribió al peronismo de todo acto eleccionario. En Caracas atentaron con bombas el vehículo que lo trasladaba para asesinarlo. No conformes con ese resentimiento robaron del local de la CGT el cadáver de Evita, sin que Perón ni la madre o las hermanas de Eva se enteraran de su destino por mas de 15 años.

El pueblo comprendió rápidamente que sólo un gran hombre podría ser perseguido de esa manera y por eso le respondió con un amor inmenso, único. Su pueblo –sus grasitas como decía Evita- sufrió humillaciones, cárceles, tortura, fusilamientos, pero no se doblegaron y luego de una larga lucha y resistencia lograron que el líder regresara a la Patria.

El 23 de setiembre de 1973 fue elegido por tercera vez presidente de los argentinos con más del 62 por ciento de los votos. El 12 de junio de 1974, por la mañana, en un mensaje por radio y televisión el General Juan Domingo Perón expresó duros conceptos contra los enemigos del pueblo:



-Yo vine al país para lanzar un proceso de liberación nacional y no para consolidar la dependencia….Pero hay pequeños sectores, perfectamente identificados con los que hasta el momento fuimos tolerantes, que se empeñan en obstruir nuestro proceso: son los que están saboteando nuestra independencia y nuestra independiente política exterior.

La población se movilizó hacia la plaza de Mayo y en horas de la tarde Perón les habló desde el balcón. Fue también su despedida:

-Sabemos que tenemos enemigos que han comenzado a mostrar sus uñas. Pero también sabemos que tenemos a nuestro lado al pueblo, y cuando éste se decide a la lucha, suele ser invencible. Hoy es visible, en esta circunstancia de lucha, que tenemos a nuestro lado al pueblo, y nosotros no defendemos ni defenderemos jamás otra causa que no sea la causa del pueblo (…) Para finalizar, deseo que Dios derrame sobre ustedes todas las venturas y la felicidad que merecen. Les agradezco profundamente el que se hayan llegado hasta esta histórica Plaza de Mayo. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino.

El 1 de julio de 1974 un profundo silencio cayó a plomo sobre los argentinos, especialmente sobre los más humildes y desposeídos. Miles de trabajadores, mujeres, niños y ancianos desfilaron frente al féretro que contenía los restos del General Perón. Había muerto el hombre más importante del siglo veinte en Argentina y quien había estado presente en el corazón del pueblo durante más de treinta años. Era el conductor que había encarnado la esperanza de millones de argentinos que carecían de voz. Era el patriota que había soportado el exilio durante casi dos décadas por el odio de los vendepatria.

El amor del pueblo por Perón se prolongó inalterable luego de su muerte, como contrapartida, los enemigos prolongaron su odio profanando su mausoleo en la Chacarita. Quizá creyeran que cortándole las manos, podían interrumpir en algún sentido el abrazo emocionado entre Perón y el pueblo. Quizá pensaron que las manos eran símbolos y es bien cierto que los símbolos pueden destruirse. Los criminales no sabían de alma y mucho menos que el General cuando levantaba sus manos hacia el pueblo, no levantaba símbolo sino alma, y el alma no se puede tocar, prueba de ello es que al día de hoy Perón vive en cuerpo de su pueblo. Todavía su nombre irrita la piel de los gorilas y de los vendepatria. Ese odio no hace más que reforzar la idea de lo que Perón era para el pueblo: el único y legítimo representante de las masas oprimidas, de los humildes y de los desposeídos.

Hoy, a 36 años de su muerte, cuando leo a intelectuales como Giovanni Sartoni (Argentina debería librarse del peronismo) y Alain Touraine (El país debe olvidarse del peronismo) o algunos transversales señalar que la recuperación del país pasa por afuera del peronismo me hace recordar a fines de los años sesenta cuando algunos jóvenes argentinos que soñaban con la revolución viajaron a China para entrevistarse con Mao Tse Tung. Allí algunos gritaron a viva voz que eran maoístas. A lo que Mao respondió: -Si yo fuera argentino seria peronista. Por eso hoy cuando algunos señalan que el peronismo ya fue, recuerdo aquellas palabras de Eva Perón: -Si el pueblo fuera feliz y la Patria grande, ser peronista seria un derecho; en nuestros días, ser peronista es un deber.



Durante seis décadas el peronismo ha sido protagonista de las transformaciones más importantes que se hayan consumado en el país. Los peronistas han sufrido desilusiones y hemos soportados traidores, pero como decía Perón: -Sólo la organización vence al tiempo y por eso hoy todavía estamos acá.

El peronismo del 2004 es el peronismo de siempre: el de Perón y Evita, el que soportó los bombardeos a plaza de Mayo, el de los fusilados, el de los mártires, el de la resistencia, el de la gloriosa JP, el de Rucci, el de los desaparecidos, en fin… Perón es todo eso y mucho más. Es el que nos enseñó la dignidad, el que nos enseñó a luchar por una patria justa, económicamente libre y políticamente soberana.








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